Categoría: Culturales, Naturales
El paisaje de la ruta conjuga campo y mar entregando al visitante una exquisita sensación de paz y tranquilidad. Los tonos grises de este paisaje rural parecen inundar de vida los otoños e inviernos, mientras que, en los meses de primavera y verano, los colores macizos cantan con inusitada belleza en cada espacio de esta ruta.
  • Región: O'Higgins
  • Provincias: Cardenal Caro
  • Comunas: La Estrella, Litueche, Marchigüe, Navidad, Paredones, Pichilemu
  • Extensión: 167 kilómetros
  • Nº de Hitos: 12 Hitos Patrimoniales
  • Nivel de dificultad: 3
  • Medios Habilitados: Automóvil, Bicicleta
  • Actividades sugeridas: Observación de aves, Surf

Descripción

Los llamados “Caminos Reales’ tenían la función de unir las principales ciudades y haciendas de Chile en la época de la Colonia y eran: El “Camino Real de la Frontera’, el “Camino del Centro del Corregimiento de Colchagua” y el “Camino Real de la Costa o de los Costinos”. Este último fue el primero en ser utilizado por los españoles y se basaba en las rutas ya establecidas por los Incas, que conectaban antiguos pueblos indígenas.

El Camino Real de la Costa fue uno de los ejes a través del cual se pobló esta zona. Los terrenos aledaños fueron utilizados para la crianza de cabras y ovejas, cuyos productos derivados podían ser fácilmente transportados a Valparaíso. En aquel entonces, ésta era la única vía para llevar los productos del Corregimiento de Colchagua al puerto de Valparaíso y a la capital del reino de Chile. Estos productos eran principalmente cueros, sebo, cordobanes (piel curtida de animales, preferentemente de cabríos) y charqui, elaborados en las haciendas de Colchagua. Una vez en el puerto muchos productos se enviaban al Virreinato del Perú y a España.

El paisaje de la ruta conjuga campo y mar entregando al visitante una exquisita sensación de paz y tranquilidad. Los tonos grises de este paisaje rural parecen inundar de vida los otoños e inviernos, mientras que, en los meses de primavera y verano, los colores macizos cantan con inusitada belleza en cada espacio de esta ruta.

Las constantes y alegres pinceladas de mar irrumpen, haciendo de este paisaje una singular danza entre olas y pastos al ritmo de los vientos.

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